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“La violencia es un síntoma, de todo lo que hay a fondo tiene que ver con este sistema, patriarcal, de abuso de poder, de imposición”: Evi Hernández

Desde niña, Evi se vio a sí misma transformando las condiciones de su realidad. “De chiquita quería ser científica y descubrir la cura del cáncer y de todas las enfermedades. Hacíamos experimentos químicos. Eso era lo que yo quería. Pero con toda la situación de violencia en la escuela, cambié”.

Originaria de San Mateo Sindihui, Nochixtlán, fue la penúltima de una familia de 11 hermanos. Sus padres le dieron la libertad para tomar sus propias decisiones. Su padre siempre ha sido un ejemplo para ella de iniciativa y dinamismo. Su madre “era una persona que decía lo que pensaba, muy noble, siempre escuchaba; nos enseñó a ver cómo se resolvían las cosas, otra forma de relacionarnos”. Siempre le permitió jugar, correr y trepar árboles con niñas y niños.

Cuando terminó la primaria, sus padres le dieron a Evi la opción de estudiar en la ciudad. Nunca imaginó la realidad a la que tendría que enfrentarse en la secundaria.

“Comenzó toda una etapa de discriminación y de bullying, porque los adolescentes, sumamente violentos, me decían ‘india patarrajada’, ‘¿dónde te bajaron a tamborazos? Pensé: ‘no tengo a mis papás en la ciudad de Oaxaca, no soy rica, no tengo la estatura o características físicas que los demás, pero tengo la inteligencia’. Y, pues, sigo estudiando y me empiezo a interesar en por qué se violenta a personas de esa manera, por qué los jóvenes o adolescentes discriminan, humillan, hacen sentir mal a otras personas. Y así empecé a estudiar Trabajo Social, para entender de dónde surge la violencia”.

“Descubrimos que no existe la palabra violencia ni en zapoteco ni en mixteco. Entonces hay que describir la violencia”.

Evi enfrentó el rechazo de las autoridades comunitarias y educativas. No querían que diera talleres de derechos humanos para niños y mujeres. “Esto me motivó para seguir preparándome más. Para saber qué decir o qué hacer en caso de esas situaciones de maltrato, de violencia, de injusticia, y decidí estudiar Psicología.”

Su trabajo en refugios para mujeres le abrió a Evi mayores interrogantes. Alguna mujer le dijo alguna vez: “me siento encerrada, yo soy la víctima y estoy encerrada, de qué se trata esto”. Evi se inquietó, pero estuvo de acuerdo: “son ellos los que tienen que tener una consecuencia ante sus actos, ¿no? Pero se va la mujer con sus hijos, y él se queda libre, entonces viene otra mujer a ocupar ese lugar, y es el mismo trato de violencia. La situación se repite. Entonces hay que hacer algo para prevenirla”.

En el 2010 Evi entró a Ixmucane AC, una organización que trabaja en comunidades indígenas de Oaxaca. Informar a las mujeres no era suficiente, había que ayudarlas a empoderarse, “enseñarles a reconocerse y darles las herramientas para que puedan mirarse como personas, y además como personas que tienen derechos”. Así comenzó a dar talleres a mujeres indígenas. Pero se encontró con otra dificultad. “Descubrimos que no existe la palabra violencia ni en zapoteco ni en mixteco. Entonces hay que describir la violencia”. Y para ello fue fundamental el aporte de niñas y jóvenes que hacían la interpretación simultánea.

“Si les dices ‘vengo a hablar sobre los derechos de las mujeres’ o ‘sobre la prevención de la violencia de género’, no te dejan entrar. Ellos tienen miedo a perder sus privilegios, pero también es verdad que se les enseñó a ser así. Entonces hay que hablar, mejor, de ‘relaciones sanas’, vamos a hablar sobre ‘relaciones saludables’. Cambia la entrada hacia las comunidades, y empezamos a generar todo este trabajo con todos, porque creemos eso, justamente, que el trabajo no es solamente con las mujeres sino con la niñez, la adolescencia, las personas tomadoras de decisiones, los docentes”.

Hoy en día Evi dirige Ixmucane y trabaja para transformar las condiciones de vida de todas y todos. “La violencia es un síntoma, de todo lo que hay a fondo, tiene que ver con este sistema, patriarcal, de abuso de poder, de imposición. De ahí viene toda una historia de cómo aprendes a ser hombre y aprendes a ser mujer. Hay que buscar respuestas, reeducarnos, re-aprender y construir relaciones más sanas. Relaciones en donde se busque la negociación y se desarrollen habilidades emocionales.”

Para fortalecer su trabajo, actualmente participa en el programa “Construcción de capacidades para la incidencia a favor de los derechos de las mujeres en México”, financiado por la Comisión Europea y operado colaborativamente por Semillas y el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir.

Así es como Evi cumple con su sueño de transformar la realidad, al tiempo que devuelve al mundo la alegría que llenó su vida desde la infancia.

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Fotografías:

  • Mapa para llegar a los hospitales más cercanos a San Mateo Sindihui
  • Evi saliendo de un taller con mujeres indígenas.
  • Información, sensibilización y empoderamiento colectivo

La violencia en cifras

  • En Oaxaca, 28.4% de las mujeres casadas o unidas que han sido violentadas a lo largo de su relación han padecido violencia extrema por parte de su pareja.
  • De ellas, 51.6% han sido pateadas por su esposo o pareja; 40.4% han requerido de atención médica para superar los daños ocasionados por las agresiones; a 27.6% su esposo o pareja las ha amarrado, tratado de ahorcar o asfixiar, atacado con cuchillo o navaja, o les ha disparado con un arma de fuego; y 26.0% son mujeres cuya pareja ha usado su fuerza física para obligarlas a tener relaciones sexuales.
  • De las mujeres casadas o unidas hablantes de lengua indígena que fueron violentadas por su pareja, 80.4% manifestaron agresiones emocionales; 56.5% económicas; 53.9% físicas y 21.9% sexuales.
  • El 23% de las mujeres oaxaqueñas de 15 y más años que asisten o asistieron a la escuela ha padecido algún incidente de violencia escolar, tales como humillaciones, agresiones físicas, propuestas de tipo sexual a cambio de calificaciones, fueron obligadas a tener relaciones sexuales o fueron objeto de castigos por negarse a estas pretensiones.

Fuentes: INEGI. 2008. Panorama de violencia contra las mujeres. ENDIREH, 2006, Oaxaca. México.

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